La segunda de seis hijos -tres hombres y tres mujeres- Sara Victoria Alvarado Salgado nació en Bogotá en una familia con una marcada preocupación por el desarrollo humano, la formación y el desafío permanente por la curiosidad y la creatividad. Estos valores familiares, sumados a una alta expectativa de sus padres para que cada uno hiciera las cosas de la mejor manera, la llevaron a destacarse como buena estudiante, pero indisciplinada; siempre buscaba ser autónoma y en esa búsqueda, chocaba con la autoridad de sus padres y maestros.
Es doctora en Educación y una de las expertas más reconocidas del continente en niñez, juventud y su construcción en el mundo político.
Su carácter libertario le trajo problemas con sus padres, agudizados en su adolescencia, cuando a los 16 años decidió emanciparse. Segura de que su independización no interferiría con sus estudios universitarios, logró un crédito con el Icetex, se fue a vivir en un garaje en Teusaquillo, daba clases de guitarra y para sostenerse realizaba trabajos a sus compañeros. Su formación como psicóloga tampoco correspondió a los ideales familiares. Sus hermanos optaron por las ingenierías y sus hermanas por la biología; ella, en cambio, por las ciencias sociales, diferenciándose así del contexto familiar.
Empezó a investigar por vocación y sin buscarlo; su capacidad de asombro y su interés por entender lo que pasaba alrededor, le impulsaron la mirada científica de la sociedad.
Su vida investigativa ha pasado por varias etapas: la primera, fue el acercamiento inicial a los contextos, en los que identificó serias diferencias con lo que había leído en los libros; este contraste desarrolló en ella la capacidad para enfrentarse críticamente a las situaciones, con mente abierta y a descubrir que lo realmente importante se esconde detrás de las cosas aparentemente obvias, y allí nació su alma de hermeneuta.
Un segundo momento se asocia a sus estudios de maestría en Ciencias del Comportamiento, la cual marcó gran parte de su pensamiento. Las indagaciones realizadas en su proceso formativo le permitieron descubrir enfoques alternativos de investigación que posibilitaran recuperar y posicionar las voces de los actores en sus contextos y develar contradicciones ocultas en lo que culturalmente se ve natural, porque los caminos tradicionales de la investigación no le permitían, en ocasiones, construir conocimiento útil y pertinente. Tuvo que innovar para poder responder sus inquietudes.
De ello se derivaron todos sus trabajos sobre enfoques, métodos y técnicas alternativas de investigación cualitativa y sus apuestas sobre cómo investigar en las ciencias sociales. Se atrevió a proponer otras rutas para entender y reflexionar sobre la realidad.
La tercera etapa ha sido su liderazgo para crear el Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud (alianza Universidad de Manizales-CINDE) que la llevó a focalizar su conocimiento y a especializarse alrededor de una línea investigativa: la socialización política y el fortalecimiento de la subjetividad política en niños, niñas y jóvenes.
Sara lleva 15 años tratando de comprenderla forma como ellos (niños y jóvenes) se insertan en la construcción social y política. Crea categorías, desarrolla marcos teóricos y constantemente se pregunta sobre los hechos y sus simbologías.
Es una de las primeras académicas en hablar de subjetividad política, categoría que surge de su reflexión frente a la individualidad en la vida política. Sus reflexiones se centran sobre la necesidad de convertir a cualquiera, a usted o a mí, en un sujeto que pueda entender su vida, que logre tomar las riendas de sus decisiones, que pueda resistirse a lo que no quiere y que actúe éticamente por encima de sus propios deseos.
Producto de su reflexión en el tema, y de la testarudez que ella reconoce en su personalidad, alrededor de la subjetividad política se han creado redes, grupos de investigación, una línea investigativa en el doctorado en Niñez y Juventud de la U. de Manizales y el CINDE y un curso de investigación posdoctoral en ciencias sociales, niñez y juventud.
Además, desarrolló un programa de investigación a cinco años sobre los sentidos y prácticas de este grupo poblacional en torno a la democracia, la paz y la reconciliación con Colciencias que generó 15 libros, 12 proyectos y 10.500 niños, niñas y jóvenes impactados con el programa.
Está cosechando ahora los resultados que se derivan del pensamiento maduro, esa misma madurez que la lleva a valorar tanto lo construido académica y científicamente, como sus pequeños grandes logros afectivos en la incansable búsqueda de la felicidad, por lo que viene pensando seriamente en dejar de firmarse “Toya” (forma cariñosa de llamar a las Victorias), para autografiarse “Tita”, como le dicen sus nietas.
Revista de comunicación científica de la Universidad de Manizales adscrita a la Dirección de Investigación y Posgrados.
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