K Keidy Johana Pelaez Higuera es una mujer pequeña, de cabello castaño, tez blanca y contextura delgada que creció en una vereda del Caquetá. Cuando terminó su escuela, se trasladó a Florencia a continuar sus estudios de bachillerato. Cuenta que la mayoría de sus compañeras en la vereda se casaban o tenían hijos muy jóvenes y por esto les extrañaba que ella no hubiera conformado una familia a los 15 o 16 años. Pero sus aspiraciones eran diferentes.
Su interés siempre fue una carrera social porque desde pequeña le gustaba entender su entorno e inquietarse por las necesidades de las personas del campo. Al terminar su bachillerato, Keidy entró a la Universidad de Manizales a estudiar Administración de Empresas. Allí pudo combinar lo académico con uno de sus pasatiempos: jugar fútbol sala. Semestres después se inclinó por materias que unían las organizaciones con los trabajos comunitarios como la responsabilidad social y corporativa y esto la impulsó a hacer dupla con la investigación.
En el pregrado inició su formación científica. “Cuando llegué a la universidad me comencé a interesar en los semilleros de investigación”, comentó risueña. Y allí comprendió las posibilidades que entrega el estudio de un fenómeno, como por ejemplo, el desarrollo humano y social, y cómo sus resultados pueden servir para guiar las políticas públicas. Ahora desea que sus datos sirvan para romper la brecha salarial entre hombres y mujeres y mejorar las condiciones de vida de los vendedores ambulantes y sus familias.
“Cuando me gradué del pregrado decidí adelantar una maestría porque me gusta la investigación. Comencé a buscar opciones de becas en las que Colciencias beneficiaba a las regiones. Mi región, Caquetá, ha sido azotada por la violencia y encontré unas opciones a las que podía aplicar”, nos dice.
Después de pasar por un proceso de selección y ocupar el segundo puesto porque se tardó en adjuntar el formulario- Keidy fue elegida para ser una joven becaria de Colciencias y ahora cursa la Maestría en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente en esta ciudad que, como a muchos universitarios, la ha acogido.
En cuanto a las ventas ambulantes y el trabajo informal, Keidy encontró expectativas diferentes en cada ciudad. “Por ejemplo, en Florencia, Caquetá, las personas aspiran a un salario mínimo mensual y tener un sistema de salud que les pueda cubrir en caso de una incapacidad, mientras que en Manizales, los comerciantes ambulantes pretenden ganar entre $ 1.000.000 y $ 3.000.000”.
Otro resultado de la investigación es que los hijos de los vendedores ambulantes en Manizales tienen estudios de educación superior en instituciones como el SENA; en Florencia, por el contrario, al cumplir la mayoría de edad, estas personas comienzan a trabajar para aportar y suplir parte de los gastos de su familia, situación que genera un círculo vicioso alrededor de la pobreza.
Otro de los elementos relevantes fueron los programas dirigidos a niños en Manizales: por ejemplo, en en el pabellón de hierbas de la plaza de mercado existe el proyecto Unitierra. Allí se busca que los niños de los trabajadores ambulantes del sector conozcan un poco más acerca del ecosistema manizaleño, y el Plan de Ordenamiento Territorial, y también para que aprendan algo de herbología y cómo curar con plantas. Cuando se le preguntó a Keidy si en Florencia existía algo parecido, ella comentó que no hallaron ninguna iniciativa de este tipo.
Además de las ventas ambulantes por la falta de industria y políticas públicas para tener más oportunidades laborales, Keidy investiga la brecha salarial entre géneros.
Según la ONU, en el mundo los hombres ganan 23% más sueldo que las mujeres. “En Colombia también es así”, afirma Keidy. Facilidades de traslado, deberes del hogar y ser madre son algunos de l os pretextos aludidos para discriminar a las mujeres en un proceso de selección empresarial. Por el contrario, “los hombres se ven beneficiados cuando son padres o tienen una familia pues los perciben como personas responsables, de familia, puestos y serios”, contó la joven investigadora.
Según los seguimientos realizados, se encontró que hay aglomeración de vendedores extranjeros. Keidy enfatizó que “es evidente que llegan personas del Ecuador. Son rodantes que venden en las ferias que encuentran”, acotó. Hallaron que los vendedores locales se quejan por esta situación, por cuanto que en esa temporada de aumento de potenciales clientes, sus ventas no se ven fortalecidas.
Revista de comunicación científica de la Universidad de Manizales adscrita a la Dirección de Investigación y Posgrados.
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