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Nuestra galería fotográfica

L a charca de Guarinocito y el río La Miel hacen parte de un extenso territorio cargado de vida que ha sido labrada por las manos de sus habitantes, que por años han hecho parte de este territorio de grandes paisajes, de múltiples especies y de los incesantes anhelos por conservar la estrecha y promover la sana relación hombre-naturaleza.

Hoy sus rostros cuentan mil historias. Cada habitante hace parte de una cartografía visual que narra la cotidianidad de los pescadores, sus familias y sus hogares, que abren las puertas de su casa natural día a día a miles de turistas para que reconozcan la grandeza cultural y ambiental del territorio. La mirada cuidadosa y el respeto por el otro determinan la gran labor por la conservación de la fauna que cuida bosques y ríos, la flora que pinta y embellece los paisajes, porque sobre todo ellos son cimiento del ecosistema natural.

Los rostros de mujeres, hombres y niños son voz de una vida de entretejido cultural, identidad y conocimiento ancestral de la tierra, del proveer alimento para las grandes urbes que se nutren de sus labores. Estas fotografías son un reconocimiento a aquellos que siente y viven la naturaleza desde sus raíces.

Rostros: historias de vida

Raquel Patiño madre y pescadora, su día comienza a primera hora del día para cruzar el rio la miel en su barca para esperar a cientos de turistas de todas partes del mundo.
La pesca es el principal insumo de los habitantes de la Dorada Caldas. Tanto pescadores como turistas recorren con su atarraya la charca de Guarinocito desde muy tempano en la mañana.
Don Luis cuenta desde su silla la historia de como el rio la miel muchos años atrás se convirtió en uno de los sitios turísticos más importantes a nivel mundial.
El guía turístico en el rio la miel, no solo representa hoy uno de los trabajos más importantes para los habitantes de Norcasia, también se ha consolidado como vocación para la herencia de padres a hijos.

Un homenaje a quienes viven y sienten la naturaleza desde lo más profundo de sus raíces.

Los niños hacen parte de una gran red solidaria por la conservación del ecosistema del rio la miel, son el futuro de cada una de las familias que por años han cuidado el hábitat y sus tradiciones.