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Récord Guinness para Colombia: misión Kumanday lanzó semillas desde la estratósfera

Récord Guinness para Colombia: misión Kumanday lanzó semillas desde la estratósfera

Por: Juana Valentina Bustos

Una hazaña colombiana desde la estratosfera. Un reto de ingeniería resuelto en seis semanas. Una tarjeta de telemetría liviana, barata y desarrollada por profesores y estudiantes de la Universidad de Manizales. Un sueño pensado y liderado por un divulgador científico. Bombas de semillas cayendo sobre los Llanos Orientales a 35.175 metros -esa altitud es como si apiláramos 304 Catedrales de Manizales, una sobre otra-. Una misión científica, ambiental y tecnológica que alcanza un récord Guinness por el despliegue de semillas a mayor altitud jamás registrado.

El 30 de mayo de 2025, un globo aerostático blanco se elevó lentamente sobre el ombligo de Colombia: el municipio de Puerto López, en el departamento del Meta. Este lugar no fue elegido al azar. Su ubicación en el oriente del país, con baja densidad de tráfico aéreo, facilita las coordinaciones con la Aeronáutica Civil y la Fuerza Aeroespacial Colombiana, lo que lo convierte en un punto estratégico para esta misión.  

Lo que cargaba cabía en una pequeña caja, pero era profundamente poderoso: 50 bombas de semillas elaboradas con especies nativas como lluvia de oro, gualanday, cañasfistol  llanero y girasoles, entre otras. Todas fueron seleccionadas por su potencial de adaptación en la región: la mayoría son especies nativas o naturalizadas en Colombia, con registros previos de siembra en los Llanos Orientales. Cada una fue preparada con la técnica japonesa nendo dango, que encapsula las semillas en esferas de arcilla y abono para protegerlas hasta que encuentren condiciones propicias para germinar. 

Desde la vereda El Toro comenzaba la Misión Kumanday, un proyecto que combinó ingeniería, ciencia ambiental y educación. La meta: lograr la siembra aérea de mayor altitud registrada en el mundo, al llevar mil semillas encapsuladas hasta la estratósfera y liberarlas desde lo alto para promover su dispersión natural.  

“Era una apuesta a todo o nada”, expresó Luis Carlos Correa, profesor de la Universidad de Manizales, ingeniero electrónico y uno de los integrantes del equipo de ingeniería encargados del diseño de la tarjeta de telemetría.  

Lo que parecía un sueño poco probable entre amigos terminó convirtiéndose en una hazaña avalada por el Guinness World Records, que reconoció la iniciativa como el despliegue de semillas desde mayor altitud en la historia: 35.175 metros sobre el nivel del mar. 

Foto cortesía de Faber Burgos, divulgador científico

De una idea audaz a una misión en la estratósfera

La idea de la misión nació casi por accidente. Faber Burgos Sarmiento, divulgador científico colombiano, conoció en México a unos empresarios en un evento de creadores de contenido. Entre conversaciones informales surgió una pregunta atrevida: ¿y si intentamos un récord Guinness? Serían estos empresarios quienes invitarían a Viviana y a la Universidad de Manizales a unirse a la iniciativa.  

Para Burgos, líder de esta misión, quien ya había lanzado semillas a la estratósfera en  2024, esta nueva apuesta tenía que ir más allá. Ya no bastaba con subir y bajar: el desafío ahora era desplegar las semillas en pleno vuelo, desde la mayor altitud posible. 

“Nos inspiramos en ese montón de iniciativas que lanzan bombas de semilla desde aviones o helicópteros, pero ¿por qué no hacerlo desde la estratósfera, por qué no desde un lugar tan alto?”, cuenta el divulgador científico. 

El equipo técnico lo conformaron Faber Burgos y su grupo (Daniel Burgos, Julio Esteban Burgos y Sonia López), junto a los empresarios Luis Gil Silva y Óscar Castaño Chávez, quienes apoyaron la logística y la recuperación.

Una proeza de la ingeniería

Fotos cortesía de Faber Burgos, divulgador científico

Lo que realmente hizo posible el récord no fueron las semillas, sino los datos que entregó una pieza de ingeniería diseñada en tiempo récord: una tarjeta de telemetría liviana, funcional y hecha por estudiantes e ingenieros de la Universidad de Manizales, capaz de registrar variables clave como altitud, temperatura y ubicación.  

La tarjeta debía cumplir múltiples requisitos: ser ligera, precisa, económica, y capaz de resistir condiciones extremas. Las temperaturas en la estratósfera descienden a menos de – 50°C, los vientos superan los 100 km/h y la radiación UV es intensa.  

“Teníamos varios retos, el principal era el peso: la tarjeta debía tener una batería suficiente para alcanzar la altitud deseada y regresar, pero entre más batería teníamos, más aumentaba el peso y estábamos hablando de gramos. Además, estaba la humedad y la temperatura, dos variables que afectan a los dispositivos electrónicos. También teníamos que asegurarnos de que no se desconectara en el trayecto, porque podríamos recibir el video, pero no los datos. Lo interesante es que esto se resolvió más con matemáticas que con electrónica”, cuenta Viviana Cardona Posada, directora del programa de Ingeniería de Sistemas y Telecomunicaciones de la Universidad de Manizales, líder del equipo de ingeniería y desarrolladora de la tarjeta de telemetría.  

Con apenas mes y medio de tiempo, el equipo logró lo que parecía inalcanzable: mientras el grupo de Burgos trabajaba en el diseño estructural de la sonda, las gestiones con la Aeronáutica Civil y la Fuerza Aeroespacial Colombiana y las pruebas biológicas de las semillas, el equipo de la Universidad de Manizales asumió el diseño del sistema de telemetría y del mecanismo de despliegue de semillas. 

“Teníamos una tarjeta base, una alemana, pero los ingenieros hicieron una versión mejorada, más económica, más sencilla, y que brinda las mismas métricas “-explica el divulgador-. “Realmente abarata el tomar telemetría. Otras empresas ofrecen tarjetas grandísimas y estos muchachos lo hicieron en una tarjeta pequeña. Me pareció increíble”.

El sistema incluía una puerta mecánica accionada por un pequeño servomotor. El plan proyectado era que las 50 bombas de semillas cayeran al mismo tiempo. Sin embargo, tras recuperar la sonda y leer los datos guardados en la tarjeta encontraron algo diferente.  

“Lo primero que pasó fue que a los 28.000 metros empezaron a desplegarse las semillas -explica Burgos-. Pero la última cápsula se desplegó a los 35.175 metros. Eso fue gracias a que las bombas de semilla se congelaron por la humedad interna”. 

El sistema no había fallado. Por el contrario, el congelamiento accidental de algunas cápsulas permitió que se liberaran progresivamente, alcanzando así una altitud que inició en los 28.000 metros y se extendió hasta los 35.175. 

Misión con sentido ambiental y educativo

La misión fue financiada por la Universidad de Manizales y la empresa Coffee Note Music, y contó con respaldo operativo de entidades estatales. Kumanday no fue solo un reto técnico. También fue un experimento simbólico, pedagógico y ambiental. La iniciativa busca inspirar a nuevas generaciones de científicos y mostrar que la tecnología aeroespacial puede ser desarrollada desde las universidades colombianas, con bajo presupuesto y alta creatividad. 

“Nosotros establecimos el récord Guinness. Somos los primeros en hacerlo”, dice Burgos. “Este logro no es solo mío. Es de todos los que creen que la ciencia se puede hacer con creatividad, pasión y propósito”. 

Las preguntas sobre la efectividad ambiental siguen abiertas: ¿germinarán esas semillas?, ¿lograrán crecer? Aún no hay respuestas definitivas, pero lo cierto es que esta misión dejó una semilla —literal y metafóricamente— en el camino de la ciencia.  

“Es casi imposible determinar cuántas semillas podrán crecer, pues deben enfrentar varios retos más allá de las frías temperaturas, la ausencia de presión atmosférica y la radiación que experimentaron en la estratósfera. Tendrán que sobrevivir en territorios profundamente afectados por la actividad humana y, además, saturados por el agua de las recientes lluvias en el Llano colombiano. No será un desafío fácil para las semillas, pero contamos con la esperanza de que, algún día, esta misión se transforme al menos en una flor o un árbol que haga parte del bello ecosistema de este planeta”, puntualiza el divulgador Burgos.

El equipo de ingeniería estuvo liderado por Viviana Cardona Posada y Daniela Gómez Gómez, junto a Frank Flórez Montes, Luis Carlos Correa Ortiz, Jhon Sebastián Díaz Villa, Edwin Andrés García Hurtado, Juan Diego Giraldo Ospina y Samuel Aristizábal Botero.