Carlos Urrego
Cada vez la vida sexual inicia más temprano, primero en hombres, luego en mujeres -en Colombia aún más que en otros países-, aunque la pandemia cambió esto. Las personas de estratos bajos y altos empiezan antes y los de estratos medios, un poco después. Aunque las redes sociales deberían fortalecer las uniones, cada vez pareciera que estamos más solos, incluso, a pesar de tener la información a un clic, el uso del preservativo y los conocimientos básicos sobre la sexualidad vienen en caída.
Términos como chemsex (uso de drogas para la actividad sexual), dispareunia (dolor antes, durante y después del acto) y lo que pasa con el sexo cuando se pasan los 60 años o se ha sufrido de cáncer, son algunos de los temas que Jaime Alberto Restrepo Soto, doctor en Ciencias Sociales Niñez y Juventud, especialista en Educación Sexual y profe de la UManizales viene trabajando con su semillero de investigación Sexualidad Humana. Han abordado tres campos “uno en la idea de que la sexualidad humana tiene dos componentes, uno biológico y el otro sociocultural; el otro en que la sexualidad humana tiene dos funciones: una erótica y otra reproductiva y, finalmente, la idea de que es muy importante investigar sobre los elementos interculturales de la sexualidad humana. Es decir, que todo lo que es permitido en una cultura puede ser prohibido en otra”, explica el profe Restrepo. Incluso propone un ejemplo: en Indiana, Estados Unidos era delito que una pareja, incluso casada, tuviera relaciones sexuales frente a otras personas. La infracción era tanto de quienes realizaban el acto como de quienes veían.
Pero uno de los conceptos en los que más se ha centrado el profe Restrepo con su grupo de trabajo es en la erotofilia, esa disposición que tenemos al coqueteo, a pensar en alguien más, a escribir una canción, a desear a la pareja. Un elemento que, al parecer, poco se investiga. Esta es una de las conclusiones de un artículo científico publicado con uno de los integrantes del semillero (hoy psicólogo, magíster en Educación y Desarrollo Humano y docente de la UManizales), Juan Camilo Aguirre Rivera.
“Había muy poquitos artículos sobre esas conductas como el desear, extrañar, componer una canción, un poema y eso casi no se preguntan y creo que podríamos generar muy buenas apuestas no solo teóricas sino también de implementación si los vemos desde planes de educación sexual que nos permitan acercarnos a la erotofilia, hablemos de la sexualidad, no la escondamos”, responde Aguirre.
En esa investigación revisaron 91 artículos científicos y de cada uno realizaron Resúmenes Analíticos de Lectura (RALE) y clasificaron la información en diferentes categorías como: inicio sexual, prácticas de riesgo, uso de anticonceptivos, género y cultura, ETS, embarazo, entre otras. Entre los datos más llamativos está que las personas entre 11 a 14 años, el 67% fantasea con estar solo con la pareja, lo que aumenta hasta el 81% para la población entre 15 a 19 años. Ponerse bonito para la otra persona es una práctica común para el 84% de los encuestados mientras que coquetear no es tan llamativo, solo un 43% lo hace.
Jaime Restrepo cuenta que la exposición a las pantallas ha cambiado la manera en la que nos relacionamos, aunque inicialmente se pensaría que el acceso a la pornografía y a la información incentivaría la actividad sexual, al revisar los datos, no fue así. “Definitivamente la sexualidad humana y el confinamiento como que no se la van. Ese tema de la ansiedad, la depresión, el estrés, esa sintomatología mental que se vivió en la época de la pandemia, hizo que la edad de inicio en la actividad sexual se retrasara un poco. Por otra parte, el sedentarismo y las sexualidades no se la llevan tampoco. Entonces el confinamiento unido al sedentarismo hace que esta nueva generación de jóvenes pierda un poco el interés de iniciar de manera más temprana a diferencia de generaciones anteriores”.
Otro de los hallazgos interesantes del artículo tiene que ver con lo que dejó la pandemia. Hay un incremento de algunas enfermedades de transmisión sexual, justamente, por cambios en las actitudes y creencias hacia la sexualidad. “Nos estamos devolviendo en unas creencias que nosotros, los que investigamos el campo, llamamos actitudes erotofóbicas”, comentan los investigadores y prosiguen “pensamos como si lo que nosotros tenemos como fluido seminal fuera agua bendita y que los que embarazan son otras personas. Nos creemos a veces inmortales, infértiles e invulnerables. En ese sentido es que decimos que nos estamos devolviendo, nos preocupamos menos por educarnos”.
En otro de los resultados relevantes, se encuentra un artículo científico escrito por María José Ruiz Pérez en el que se asegura que nos queda un largo camino para educar sobre sexo y su relación con la digitalidad, en esta revisión de 74 artículos se encontró que la mayoría de los estudios coinciden en que los programas de educación sexual en contextos formales siguen siendo insuficientes y, en muchos casos, desactualizados frente a las dinámicas digitales actuales.
También se preguntaron sobre el sexting, un buen ejemplo de cómo las redes sociales conectan de manera distintas los procesos sexuales. Allí encontraron que es una dinámica erótica común, pero con un pero complejo, la difusión de imágenes sin consentimiento. Esa violación de la intimidad implica daños emocionales y sociales durante buen tiempo, incluso “señalan que las víctimas se ven envueltas en sentimientos de culpa, vergüenza y aislamiento social, junto con síntomas asociados al trastorno de estrés postraumático, ansiedad y depresión”.
En medio de todas las preguntas que el profe Jaime y sus estudiantes tienen, este año empezaron a explorar lo que hay alrededor del sexo en personas mayores de 60 años, el uso de drogas para facilitar o intensificar el coito, los efectos de condiciones médicas como la dispareunia, historias de vida trans y los feminicidios; pero más allá de los datos y las categorías, lo que queda claro es que la sexualidad sigue siendo un territorio en disputa: entre lo que creemos saber, lo que practicamos y lo que aún nos cuesta nombrar. Entenderla no es solo tarea de la ciencia, sino de una sociedad que todavía aprende —a veces a los tropiezos— a hablar de su propio cuerpo.
El profe Restrepo Soto señala que un aspecto importante de su trabajo de investigación es la participación con estos trabajos en los encuentros de semilleros de investigación RREDSI Y REDCOLSI y en los congresos de la red de investigadores de la Asociación Colombiana de Psicología ASCOFAPSI, la asociación colombiana de salud sexual ACSEX, del Colegio Colombiano de Psicólogos COLPSIC, lo anterior para compartir miradas críticas y rigurosas sobre este ejercicio investigativo.
Revista de comunicación científica de la Universidad de Manizales adscrita a la Dirección de Investigación y Posgrados.
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